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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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II Trimestre de 2008 
Libro Complementario 

La gloría de Jesús 

Todavía toca los corazones 
Capítulo 3 

La realidad de su humanidad 



Cada día me emociono y me asombro más de lo que la mente humana 
es capaz de hacer. La mayoría de nosotros solo es capaz de imaginar 
vagamente la precisión tecnológica que se requiere para lanzar un 
vehículo tripulado al espacio, a velocidades superiores más de veinte 
veces a la velocidad del sonido; guiarlo a la órbita correcta; conectarlo con una 
estación espacial no tripulada; ponerlo en órbita; usarlo para entregar o recibir 
carga humana o de otro tipo; y luego traerlo a la tierra en un aterrizaje suave 
como el terciopelo. 

¡Eso me deja apabullado! 

No puedo entender cómo hacen una máquina capaz de realizar millones de 
complicados cálculos matemáticos en cuestión de segundos. ¿Y dije segundos? 
Nosotros acostumbrábamos medir el tiempo así: en segundos, en milésimas de 
segundos; pero luego pasamos a los nanosegundos, una milmillonésima de se- 
gundo. (¿Puede usted imaginar eso? Pero ahora hemos ido más allá todavía. En 
las palabras de James Gleick: "El punto extremo de las pulsaciones ultrabreves, 
ha llegado al rango de los femtosegundos, esto es, la millonésima parte de un 
nanosegundo". "En un femtosegundo", dice, "el Concorde vuela menos de la 
anchura de un átomo". 

Mi asombro llega a su límite ante lo que me parece brujería tecnológica. Pero 
cuando reflexionamos en el tema de la encarnación de Jesús, llegamos a la ma- 
dre de todas las maravillas. "Al contemplar la encarnación de Cristo en la 
humanidad", dice Elena G. de White, "nos detenemos asombrados ante un mis- 
terio insondable que la mente humana no puede comprender". "Mientras más 
reflexionamos en ella", dice, "más asombrosa parece". "¿Cómo podemos cruzar 



3S Gleick, Faster the Accela-ation of Just About Everything (Nueva York: Pantheon Books, 1999) p. 62. 

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la distancia que existe entre el Dios Todopoderoso y un niño indefenso?" . Sin 
embargo, esa es, precisamente, la afirmación del Nuevo Testamento, y ningún 
escritor lo dice en forma más elocuente que el apóstol Juan. Después de hablar 
del Verbo, que es tanto Dios como Creador (Juan 1:1-5), el escritor apostólico 
hace aquella declaración que deja anonadada la mente: "Y aquel Verbo fue 
hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:14). 

La única razón por la cual esta declaración no nos deja abrumados de asombro 
es la familiaridad. Los que somos cristianos la hemos escuchado tantas veces 
antes, que su abrumadora enormidad no nos afecta. Pero a veces, en mis mo- 
mentos de quietud, trato de reflexionar en nuestro lugar (me refiero al lugar de 
este planeta) en el esquema universal de las cosas. En realidad no somos más 
que una manchita, una manchita muy pequeña. Sin embargo, más allá de donde 
nuestros gigantescos telescopios han logrado penetrar en la vastedad del espa- 
cio exterior, toda la evidencia sugiere que hay mucho más allá, mucho más; y 
que nosotros simplemente damos golpes de ciegos en las afueras del increíble- 
mente grande, incluso ilimitado, universo. 

Como la estupidez de las fuerzas ciegas no tienen lugar aquí, trate de imaginar 
el tipo de ser que tiene, no solo el poder de crear, sino el de sostener, todo eso. 
Luego considere el asombroso concepto de que ese mismo ser pudo condes- 
cender al grado de entrar a nuestro insignificante planeta en carne humana, con 
todas sus limitaciones y tendencias, y quedará totalmente desconcertado ante 
un misterio impenetrable. Elena G. de White lo dijo correctamente: "La limita- 
da capacidad del hombre no puede definir este misterio inefable: la mezcla de 
las dos naturalezas, la divina y la humana. Jamás podrá ser explicado. El hom- 
bre debe maravillarse y guardar silencio". ' 

Pero ocurrió en realidad 

El docetismo (del griego dokeo, parecer) describe la posición de un grupo de 
cristianos primitivos que creía que Jesús sólo parecía humano, pero no lo era 
en realidad. Su humanidad, según esta creencia, era una ilusión. Contra este 
punto de vista se levanta un catálogo entero de textos del Nuevo Testamento 
que tienen una posición totalmente contraria, y la mayoría de ellos surgen del 
flujo natural de historias particulares, no en tono defensivo. 

En Mateo 8: 24 encontramos a un Jesús exhausto durmiendo sobre un bote que 
se revolvía como una cascara de nuez bajo una furiosa tempestad. En Mateo 

^ Signs ofthe Times, 30 de julio de 1896; LiftHim Up, p. 75. 
Elena G. de White, Carta 5, 1889; Comentario bíblico adventista, tomo 7, p. 916. 

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21:18 lo vemos hambriento, antes del desayuno, camino de la ciudad de Jeru- 
salén. En Juan 4:5, 6 "cansado del camino", se sentó al lado de un pozo. Y en 
ese mismo capítulo dice que estaba sediento (Juan 4:7), exactamente como es- 
taba cuando colgaba de la cruz (Juan 19:28). Elena G. de White lo dijo co- 
rrectamente: "Cristo no dio a entender que adoptaba la naturaleza humana, la 
adoptó verdaderamente. Poseyó en realidad la naturaleza humana". Y tomó 
nuestra naturaleza humana después de cuatro o cinco mil años de degeneración, 
tema que analicé ampliamente en una obra anterior. * 

La forma en que los Evangelios tratan el delicado tema de los ascendientes de 
Jesús, en una cultura dominada por los hombres, es intrigante. Cuando uno 
considera la genealogía de Jesús en Mateo 1, por ejemplo, nota lo que podría- 
mos llamar "menciones especiales", los nombres de mujeres distribuidos por 
aquí y por allá. En Mateo 1:3 es Tamar; en el verso 5, Rahab y Rut; y en el ver- 
so 6 se hace referencia a Betsabé (sin dar su nombre). La cuarta mención es a 
María en el verso 16. 

Pero, si bien cada una de las primeras tres menciones de mujeres está precedida 
por la lista de padres como los que "engendraron", en el caso de María encon- 
tramos una ligera pero significativa variación. Aquí el texto habla acerca de 
"José, marido de", no de "José, el padre de" . En otras palabras, cada vez que se 
menciona el nombre de una mujer en el texto, se hace una clara inferencia a la 
cohabitación entre ella y un ser humano masculino. Pero en el caso de María no 
hay tal inferencia. En una sutil desviación simplemente lista a José como "ma- 
rido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo" (Mateo 1:16). La co- 
nexión física es con María, no con José. 

Técnicamente, entonces, Jesús no se destaca formalmente en la genealogía de 
Mateo, la cual solo menciona el hnaje de José, con el cual (como ya se hizo no- 
tar), Jesús no tenía ninguna conexión física. La genealogía de Lucas es, incluso, 
más inútil en términos del establecimiento de una genealogía humana formal de 
Jesús. María no se menciona en Lucas en ninguna forma, el texto se refiere, 
más bien, a Jesús "hijo, según se creía, de José, hijo de Eli, hijo de Matat, hijo 
de..." (Lucas 3:23, 24). Uno incluso podría decir que tomar en serio la adver- 
tencia de Lucas ("según se creía"), significa que el resto de la genealogía no 
tiene relevancia para la humanidad de Jesús. 



'' Elena G. de White, Lift Him Up, p. 74. 

¡t: Helpfor a Church Divided over Petfection (Hagersto wn : Revie' 

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El claro testimonio tanto de Mateo como de Lucas es, sin embargo, que Jesús 
vino de María. Y María, obviamente, no había caído de un árbol. Ella pertenec- 
ía a una de las tribus de Israel. Y Pablo afirma que Jesús, "era del linaje de Da- 
vid según la carne" (Romanos 1:3; cf. 9:5; Hechos 2:30; 13:22; 2 Timoteo 2:8). 

El retrato bíbhco de Jesús es que era totalmente divino y totalmente humano, 
una de las más claras evidencias de su humanidad se manifestó mientras se di- 
rigía al Calvario aquel viernes por la tarde de la semana de su pasión. Simón 
Cireneo, mientras venía del campo, se encontró ñ'ente a ñ'ente con el evento 
más importante de su vida. Repentina e inesperadamente manos rudas se apo- 
deraron de él, y un soldado romano le ordenó llevar la cruz de Jesús (Lucas 
23:56). 

¿Por qué se apoderaron de Simón Cirineo, que no era más que un extranjero 
que pasaba por allí? ¿Fue a causa de una demostración de simpatía que expresó 
por el sufrimiento de este prisionero en particular? Cualquiera haya sido la 
razón. Lo que se quiere decir aquí es que aquel rudo soldado romano compren- 
dió que tenían en sus manos a un desfalleciente ser humano, y concluyó que lo 
que necesitaba era ayuda, no más golpes. 

¡Qué escena! ¡El Dios eterno que había lanzado mundos y universos en sus 
órbitas señaladas, sosteniéndolos con su maravilloso poder; ahora carecía de 
suficiente fortaleza para llevar su propia cruz! Había venido para estar con no- 
sotros, para ser como nosotros, para compartir nuestras debihdades y propen- 
siones físicas; a fin de poder llevarnos al más alto cielo. 

Ellos lo conocían como el carpintero 

Solo, en mi oficina, antes de comenzar el trabajo del día, llegué en mi lectura 
bíbhca al capítulo sexto de Marcos; y la última pregunta, en el mismo centro 
del versículo 2, me llamó la atención: "¿No es este el carpintero?" Hasta ese 
momento era la versión de Mateo la que había quedado en mi mente: "¿No es 
este el hijo del carpintero?" (Mateo 13:55). ¡Pero aquí Marcos reveló que Jesús 
mismo era conocido en su comunidad local como el carpintero! Fue como un 
relámpago para mí, e inmediatamente se formaron dos impresiones en mi men- 



1. La increíble humildad de Dios 

El pensamiento del Dios eterno viviendo entre la humanidad como un carpintero 
común, simplemente me dejó atónito. ¿Lo empleaban los vecinos para reparar 
un techo que goteaba o para construir un gallinero? ¿No lo encontraron alguna 
vez en la ferretería comprando clavos? 

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A sus paisanos se les hacía muy difícil tragarse todo aquello. Después de todo, 
ellos conocían todo lo relacionado con su vida. Habrían creído en alguien más 
notorio, más prestigioso, más grandioso, más espectacular. ¡En algún griego, cier- 
tamente! ¡O romano! ¡Pero no en alguien que vivía calle abajo! 

2 La generosa "temeridad" de Dios 

Los dones más poderosos del cielo con frecuencia vienen envueltos en paquetes 
ordinarios, paquetes que podrían descartarse con facilidad como inútiles cuando 
llegan. Nos maravilla ver cuan insólitos y cuan frágiles son. 

¿Quién más, en su sano juicio, habría enviado un don tan precioso, tan vulnera- 
ble, con un destino tan grande, a un lugar como este en que vivimos? Sin embar- 
go, a este mundo tan pehgroso, donde "Satanás pretendía dominar, permitió que 
bajase su Hijo, como niño impotente, sujeto a la debihdad humana, a pelear la ba- 
talla como la debe pelear cada hijo de la familia humana, aun a riesgo de sufrir la 
derrota y la pérdida eterna". ^ 

Cuando Uegó el tiempo de partir, le di al hombre mi martillo favorito, por cierto, el 
único martillo que tenía. Él había sido muy útil en mi casa, mientras mi familia 
vivía en aquel país en particular, muy lejos de donde escribo ahora. Durante varios 
minutos se detuvo allí, admirando aquella herramienta. "Mi primer martillo hecho 
en los Estados Unidos", dijo como en un suspiro. 

¿Por qué aquella reacción? Yo sospecho que tenía que ver con la seducción de lo 
exótico: la sensación de que las cosas extranjeras son mejores. Los habitantes de 
Nazaret conocían a Jesús. Conocían todo lo relacionado con su familia. ¿Cómo 
podía alguien conocido por ellos ser algo? Si hubiera venido de Atenas... o de Ale- 
jandría... o de Roma... o al menos de Jerusalén. ¡Pero un simple artesano de allí 
mismo de Nazaret! ¡No podía ser! E imagine la respuesta de Alejandría, de Atenas, 
o de Roma. Su legado intelectual podía trazarse hasta Sócrates, Platón, Aristóteles, y 
los gigantes intelectuales de Jonia. ¿Es un simple carpintero lo mejor que Israel 
puede ofrecer? Las mismas actitudes nos persiguen hoy. 

Lo que Significa para nosotros 

¿Cuáles son las implicaciones prácticas de la venida de Dios en carne humana? 
¿Qué lecciones sacó la Escritura misma de este evento? 

Nos enseña tres lecciones: 



Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 33 (itálicas añadidas). 

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1. Jesús vino como nuestro ejemplo supremo 

Después de lavarles los pies, Jesús les dijo a sus discípulos: "Porque ejemplo os he 
dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis" (Juan 13:15). Y du- 
rante todo su ministerio terrenal, ya fuera directa o indirectamente, es el modelo pa- 
ra nosotros, él es quien marca el paso. Juan dijo: "El que dice que permanece en él, de- 
be andar como él anduvo" (1 Juan 2:6). 

Esa era también parte de la carga de Pedro mientras trataba de elevar el espíritu de 
los cristianos esclavos que hacían frente a dificultades y persecuciones en el pri- 
mer siglo. Debían considerar un privilegio suñir haciendo el bien, porque para es- 
to fueron "llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos 
ejemplo, para que sigáis sus pisadas" (1 Pedro 2:20, 21). "Quien cuando le maldec- 
ían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomen- 
daba la causa al que juzga justamente" (1 Pedro 2:23, 24). Para todos los que hacen 
frente al abandono, el ostracismo, la persecución, el ridículo, o cualquier otro 
mal por causa de Dios; Jesús es el ejemplo supremo. 

Sin embargo, la idea de ejemplo puede malinterpretarse. Por tanto, aclaré- 
mosla un poquito más, considerándola bajo dos categorías, tal como aparecen 
en las Escrituras. 

Primero, existe la idea de ejemplo de testificación: que nos invita a un plano moral 
o espiritual más elevado, pero sin proporcionar el poder para conducirnos has- 
ta allí. Bajo esta categoría cae lo que hallamos en Hebreos 11. El capítulo pre- 
senta un catálogo completo de héroes espirituales: "Que por fe conquistaron re- 
inos, hicieron justicia, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuo- 
sos", etc. (versículos 33, 34). Tales ejemplos nos dan "testimonio", nos invitan, 
nos alientan, constituyen un estímulo para seguir adelante, para mirar más 
arriba, para confiar más intensamente. Pero es todo lo que hacen: es todo lo 
que pueden hacer. 

En Jesús también encontramos un secundo tipo de ejemplo que podría llamarse, 
ejemplo capacitador. Jesús no solo nos sirve de testigo, no solo nos invita a al- 
canzar un plano más elevado, sino también nos proporciona el poder capacita- 
dor para llevarnos allá. Vemos esto a medida que Hebreos 1 1 llega a su climax 
en los versículos introductorios del capítulo 12: "Por tanto, nosotros también, 
teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de 
todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que 
tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe... " 
(Hebreos 12:1, 2). Aquí se presenta a Jesús como el iniciador y el consumador 



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de todos nuestros intentos por salir adelante. En otras palabras, él es nuestro 
ejemplo capacitador. 

2. Jesús vino a enseñarnos la humildad 

"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual 
siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrar- 
se, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante 
a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, 
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Filipenses 2: 5-8). 

¿Cuáles son las imphcaciones de esta condescendencia? ¿Es sencillamente una 
teoría que debe ser expuesta? ¿O tiene consecuencias prácticas para los creyen- 
tes? 

Lo que me viene inmediatamente a la mente mientras escribo son aquellos, al 
parecer interminables, programas de recompensas en la televisión, con todos 
los orgullosos excesos que los acompañan. Hace algunos años alguien calculó 
que el negocio de los programas de premios había entregado unos 4.025 trofe- 
os en 565 ceremonias de premiación el año anterior. 

No hay nada malo en el reconocimiento de los grandes logros, por supuesto, 
pero el exceso de ofertas de la actividad crea un clima de competencia insana, 
de orgulloso estatus, de vanagloriosa celebridad. No importa cuan bien sea re- 
cibida en el mundo tal actividad, esas actitudes pueden tener consecuencias 
devastadoras en la iglesia. De ahí que sea terriblemente importante tener en 
mente que la declaración profundamente teológica de Pablo en el pasaje de 
Filipenses citado arriba, fue hecha con un propósito radicalmente práctico en 
mente; es decir, la actitud del cristiano en comunidad con los demás, refirién- 
dose, en particular, al elemento de humildad, tal como quedó ejemplificado en 
la asombrosa condescendencia de Cristo. 

Cristo era "por naturaleza Dios" (NVI), dice, usando un término griego muy 
fuerte para expresar lo que quería decir. (El término es morphe, el cual denota 
que Jesús poseía "todas las características esenciales y los atributos de Dios". 
Pero, abandonando todos los adornos y atavíos de la deidad, por así decirlo, 
vino a este sombrío planeta como uno de nosotros. Pero luego, yendo un poco 
más allá, se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 

Era un mensaje muy necesario en la iglesia de los días de Pablo, y muy urgente 
en los nuestros. Cualquiera que tenga suficiente percepción logrará ver lo 



no 7, p. 160. 

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que, a veces, se nota en ciertos sectores de la iglesia, donde los buscadores de 
poder pasan sobre los otros para llegar a la cumbre. ¡Las celebridades buscado- 
ras de vanagloria y glamor, no tienen nada que ver con nosotros! El mensaje 
práctico de la condescendencia de Cristo es que en un mundo que se ha vuelto 
loco por el egoísmo, la envidia y el orgullo, es que cada uno de nosotros debe 
analizar sus propios motivos: "¿Por qué hago lo que hago? ¿Es sencillamente 
para promover mis propios intereses, mi propia carrera? ¿Es para ampliar la base 
de mi poder? ¿Solo voy a donde las cámaras pueden enfocarme? ¿Estoy prepa- 
rado para ser nadie a fin de que Cristo sea todo? "El más noble de los servi- 
cios", dijo Ohver Wendell Holmes, "viene de manos anónimas. Y el mejor sier- 
vo hace su obra sin ser visto". 

3. Abrirnos un camino: para darnos seguridad y esperanza 

La razón por la cual vino Jesús en forma humana no puede deducirse del razo- 
namiento o la imaginación humana. Las respuestas puramente racionales de 
nuestra propia hechura, no lo explicarán. No existe ninguna disciplina inde- 
pendiente en la filosofía, en la ciencia, ni ninguna otra parte, que nos conduzca 
a una respuesta válida, aparte de la Escritura. Y sería poco saludable, incluso 
peligroso, confiar en nuestra propia intuición. Los pasajes que vamos a consi- 
derar en la primera parte de Hebreos llegan al mismo corazón de la cuestión 
que estamos analizando, y nos dan respuestas muy diferentes a las del racio- 
nalismo pietista que ha invadido algunos sectores del cristianismo, incluyendo 
el adventismo del séptimo día. He encontrado que la forma más segura de pro- 
ceder es escuchar las fuentes inspiradas. 

Lo que descubrimos en estos pasajes de Hebreos es que el foco de atención 
siempre se centra en Jesús, nunca sobre nosotros. Como dice el escritor: "Pero 
vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, corona- 
do de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la 
gracia de Dios gustase la muerte por todos" (Hebreos 2:9). 

Esa es la razón bíblica por la cual él se hizo menor que los ángeles. Fue para po- 
der gustar la muerte por todos. No debemos añadirle ni quitarle nada a esta verdad. 
Así es. ¡Y es absolutamente maravilloso! 

Luego notamos cómo estos otros pasajes de Hebreos siguen el mismo pensa- 
miento. En cada caso he puesto en cursiva las razones bíblicas, no especulati- 
vas, por las cuales vino en carne humana. Ponga pues atención a lo destacado 
en cursiva: 

i. "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él tam- 
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bien participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al 
que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo" (Hebreos 2:14) 

ii. "Por lo cual debía ser en todo semejante a los hermanos, para venir a 
ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, 
para expiar los pecados del pueblo" (Hebreos 2:17). 

iii. "Puede compadecerse de nuestras debilidades", y fue "tentado en todo 
según nuestra semejanza, pero sin pecado". Luego viene la inesperada 
explicación: "Acerquémonos, pues, confitadamente al trono de la gra- 
cia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno soco- 
rro" (Hebreos 4:15, 16). 

iv. "Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y 
habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para 
todos los que le obedecen" (Hebreos 5:8, 9). 

Todo es acerca de Jesús y lo que hizo por nosotros. Cada aspecto de su condes- 
cendencia fue hecho por causa de nosotros. No es extraño que Elena G. de 
White dijera que "la humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la 
cadena áurea que une nuestra alma con Cristo y mediante Cristo, con Dios". ^ 

i! 

Me siento feliz de que Dios haya venido a ser como nosotros para salvarnos; pe- 
ro quiero decirle: "Después de que hayas hecho todo eso, me sentiré fehz de que 
vuelvas a ser perfectamente lo que eras antes. No me sentiré ni herido ni aban- 
donado". 

Pero Dios, por causa de un amor que sobrepuja todo entendimiento, no hará 
eso. Dice Elena G. de White: "Cristo ascendió al cielo, llevando una humanidad 
santificada y santa. Llevó su humanidad con él a los atrios celestiales, y la lle- 
vará por todas las edades eternas, como el que redimió a todos los seres huma- 
nos en la ciudad de Dios". ' 

Confieso que este ha sido para mí el aspecto de la encarnación más difícil de 
aceptar. "Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad 
por un vínculo que nunca se ha de romper. A través de las edades eternas, 
queda ligado con nosotros. 'Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha 
dado a su Hijo unigénito'. Lo dio no solo para que llevase nuestros pecados y 
muriese como sacrificio nuestro; lo dio a la especie caída. Para asegurarnos los 

Elena G. de White, Mensa] es selectas, tomo 1, p. 286. 

Elena G. de White, Review and Herald, 9 de marzo de 1909; Comentario bíblico adventista, tomo 6, p. 1054. 

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beneficios de su inmutable consejo de paz, Dios dio a su Hijo unigénito para 
que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre su 
naturaleza humana [...]. Dios adoptó la naturaleza humana en la persona de su 
Hijo, y la llevó al más alto cielo. Es el "Hijo del hombre" quien comparte el 
trono del universo". 

Me quedo anonadado ante la presencia de tan asombroso amor. 



Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 17. 

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